La realidad de Nadal
Tiene una lesión, pero la separación de sus padres también le ha afectado
Si ha habido algo que haya destacado de Rafael Nadal por encima de los poderosos golpes que ofrece en la pista eso siempre ha sido, sin duda alguna, lo que casi todos hemos coincidido en llamar su alto grado de madurez, su capacidad para saber estar en cada momento, su notable comportamiento en todas las situaciones, ya fuera en la victoria, en la derrota o a la hora de manifestarse sobre un hecho puntual. La grandeza de este campeón, que apenas tiene 23 años, pero que está dando alegrías al deporte español desde los 17, se pudo confirmar una vez más el viernes pasado cuando en Wimbledon ofreció una conferencia de prensa para anunciar que renunciaba a disputar el torneo más importante del año porque las rodillas seguían doliéndole pero, principalmente, porque había tocado fondo mentalmente.
Muy pocos deportistas son capaces de reconocer un problema semejante en público. El campeón se ha agotado, sufre un desgaste y lo admite. No ha hecho el ejercicio fácil de muchos otros que hubieran preferido esconder el problema o autoengañarse. El Rafa Nadal que ha llegado a número uno del mundo, y que está a sólo un título de sumarse a la exigua lista de campeones de todos los Grand Slams, ha necesitado rendir siempre al ciento por ciento de sus capacidades, porque con menos no sería el mismo. No sólo las físicas, importantes en su juego, sino las psicológicas, o mentales como llama el propio Nadal. Ese ejercicio de proclamar abiertamente los problemas verdaderos que tiene lo aleja de la negatividad que a veces produce el silencio. Nadal ha hablado y dice sentir necesidad de limpiarse. Podía seguir jugando pero no obtendría el rendimiento que siempre ha tenido, y lo que más parece preocuparle es su cabeza.
El chico en realidad tiene un problema en sus rodillas pero por lo que dice da la impresión de estar afectado por un problema mayor. Es su cabeza la que no está como tendría que estar. A Nadal no lo han desgastado sólo las derrotas en la pista, que han sido pocas, ni esa cantidad de triunfos que ha obtenido, sino algo para lo que quizás no estaba preparado. Puede que esté afectado por una combinación de factores que se han sumado, entre ellas esenciales como la separación de sus padres. Y porque las rodillas le fallan, porque ya tiene 23 años y no 17, porque ha aprendido que no puede estar jugándolo todo, por eso decide parar y hacer como un reset a su cuerpo y mente. Él tiene capacidad para recuperarse y voluntad le sobra.
Da la impresión que Nadal necesita oxígeno, que busca un aire nuevo. Es el momento del entorno, de ese entorno que siempre hemos alabado por haber creado un fenómeno tan monumental, un fenómeno que lo ha ganado casi todo en los últimos cinco años, que lo ha soportado todo y que incluso ha estado jugando con dolor. Nadal seguramente tenía que haber renunciado a jugar en Madrid pero no lo hizo por mantener los compromisos y sobre todo porque es un torneo español.
El gladiador de la tierra es humano. Y cuando hablamos de que este es el momento del entorno, queremos decir que es ahora cuando Nadal necesita más ayuda. También de la prensa. No es momento de preocuparse por la pérdida del liderazgo mundial y porque ha renunciado a Wimbledon o no jugará la Copa Davis en Marbella. Es momento de dejar que el campeón, ese chico maravilloso que tanta felicidad ha dado al deporte, ese deportista admirable, se recupere. No pasa nada. Roger Federer también detuvo un momento su marcha tras pasar una época de crisis. Y ahora vuelve a vencer. Parando también muchas veces se gana.